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Querré estar acompañado

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Lo malo del apocalipsis es que, como la muerte, no sabemos cuándo va a llegar. No son pocos los que tienen la certeza de que no lo lograremos, de que arribará un momento, a causa de una III Guerra Mundial, una llamarada solar, el calentamiento global, la catástrofe climática, lo que sea, en el cual los Estados y las estructuras se hundirán y los sistemas gubernamentales dejarán de funcionar. Las leyes serán papel mojado. Cundirá el caos y la desesperación. Demasiada gente residiendo en las ciudades donde no se producen alimentos. La superpoblación manifiesta que depende de un sistema económico global que, aunque injusto, sí que ha permitido semejante proliferación de almas entre las que me incluyo. El conocido cineasta M. Night Shyamalan realizó hace unos años la película “Señales”. La historia de una invasión extraterrestre a la Tierra, diferente a otras que se han rodado, sin grandes ejércitos ni sonoras destrucciones, sino a través del enfrentamiento directo y personal cuerpo a c...

De la justificación del poder

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Supongo que los seguidores de este programa se estarán preguntando sobre por qué tantos capítulos hilados acerca de asuntos como historia del derecho, ética, moral, etc. Supongo que se debe al signo de los tiempos, por las inquietudes que presento en este momento. Igual que en otras épocas he indagado sobre arqueología, ciencia, cine o incluso espiritualidad, lo que ahora me abotarga es la sensación de arbitrariedad ante lo que me rodea, en concreto cuando observo y experimento el ambiente político enrarecido del que “gozamos” entre comillas. La pregunta primera sobre el poder es siempre la misma: ¿Cómo se legitima? ¿Cómo justificar que se hayan de cumplir las leyes? ¿Por qué motivo he de obedecer y transigir con lo que me indicas? Uno de los recursos más evidentes para justificar el poder descansa en el uso de la fuerza y la violencia. La militar, la policial, la judicial. Te obligo porque puedo. O el llamado “derecho de conquista” en la Edad Media tan en boga. Combatamos y ser...

Del derecho de gentes

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  He de confesar que a veces albergo fantasías de ilegalidad. Nada preocupante. Convertirme en vagabundo, abandonar mis deberes, practicar la desobediencia civil al estilo Henry David Thoreau, huir del mundanal ruido, convertirme en un ermitaño ácrata ilustrado en la soledad del monte. Hace poco escuché el caso de una secta de corte hippie y naturalista que se había asentado sin permiso en una finca privada para practicar el amor libre. Su estilo de vida me es indiferente, lo que traigo a colación es que dadas las leyes actuales sobre okupación resulta muy difícil echarlos. No obstante, lo curioso del asunto trasciende en que no creo que se trate de okupación, o no voy a abordar el asunto como tal. Porque okupar, con “k” de kilo, a menudo se justifica o se fundamenta en un acto de protesta contra las leyes, un miasma de desobediencia civil. Pero lo que alegan los miembros de esta secta es que ellos sencillamente se rigen por unas leyes diferentes a las del Estado. Por lo tanto, s...

De la moral y la ética

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A menudo se habla de moral y de ética como si fueran sinónimos. Pero resulta que leyendo a José Antonio Marina (“Ética para náufragos”), aprendo que existe una diferencia notable. La moral es el conjunto de preceptos y de reglas que aceptamos, a nivel individual o colectivo, como de buena convivencia e incluso de buena educación, y que solemos seguir en nuestras actividades cotidianas. Por ejemplo, dentro del campo de la moral existe lo que podríamos denominar como moral tradicional o comunitaria. La moral tradicional se ha constituido por autoorganización. Digamos de manera espontánea. Los individuos de una comunidad, por el mero hecho de convivir sin matarse los unos a los otros, de colaborar en un espacio y en un tiempo comunes, han tenido que limar una serie de reglas y de preceptos con el fin de asegurar esa coexistencia. Dentro de la moral tradicional podríamos hablar de dos categorías principales de preceptos. Por un lado, aquellos dirigidos a la satisfacción de las necesida...

Del derecho natural

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  Uno de los signos de los tiempos contemporáneos es que todo el mundo habla de derechos. Aunque no se sepa nada de ellos. Incluso los más iletrados, nada más sienten que alguien va contra sus intereses, aunque no tenga nada que ver y sin razón, se ponen a perorar sobre derechos, y así quedan como reyes porque en verdad nadie sabe mucho de ellos, solo que están ahí y que los tenemos. O el otro día cuando alguien, no voy a decir en qué contexto, se puso a perorar que la vida es un derecho natural que todo el mundo posee simplemente por haber nacido. Me sonó raro, extraño, eso de unos derechos que poseemos sencillamente por haber nacido y que son inalienables. Sobre todo hoy en día, tiempos de falta de fe y de descreimiento. Así que me puse a investigar, y como conclusión han resultado una serie de artículos de los cuales este es el primero. Para empezar hay que distinguir entre derecho natural y positivo. Del primero ya he hablado, es aquel que descansa en los derechos que toda ...

En lo que creo, en lo que puedo creer

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  Ojalá que todo lo que pienso fuera la verdad y nada más que la verdad, y que el mundo funcionara así, tal como yo lo pienso. Pero no rige de este modo, y corro el riesgo de creerlo con la consecuencia de que, aparte de abogar por el más absoluto solipsismo, conducir a la sinrazón y a la locura, por creerme mis propias mentiras e invenciones. Una de las bases de filosofías como el estoicismo se halla relacionada con lo que digo. Una cosa es lo que nos sucede, y otra distinta lo que pensamos sobre eso que nos acaece. Las acciones y los hechos que nos producen sufrimiento físico existen. Así como las traiciones, las mentiras, la hipocresía, los abusos. Podremos intentar evitar que nos sucedan, aunque tarde o temprano, residiendo en el mundo en el que residimos, terminarán ocurriéndonos. Pero una cuestión es que nos sucedan, y otra el dolor sobrevenido por el estrés y el impacto emocional. Es decir, que estas circunstancias sigan haciéndonos daño una vez nos han ocurrido. Esto ...

Predeterminación

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  Casi podría entenderse como un relato de miedo. En los últimos años se han barajado experimentos, digamos, inquietantes, y cuando digo inquietantes no me refiero a sobrepasar los límites de la ética hacia la destrucción física y moral del individuo, aquello tan terrible de lo que fue tan tristemente célebre el siglo pasado. Sino que, dentro de la moral, nos informan de resultados poco tranquilizadores. Resulta que el cuerpo comienza a prepararse para determinadas situaciones antes de que la consciencia tome decisiones con respecto a las mismas. Dicho de otro modo. Los músculos se ponen en tensión antes que la consciencia, esa voz por la que hablamos, por la que discurrimos, por la que pensamos, haya tomado la orden consciente de moverse; o se producen reacciones emocionales previamente a que la consciencia se haya percatado siquiera del asunto. Por supuesto que ahora cabría dilucidar o dudar acerca de las condiciones en las que se desarrollaron estos experimentos. ¿Sobre qué ci...